VIDE: Rama Coomaraswamy Nome Jesus
Da Unidade Transcendente das Religiões''
Llamaremos finalmente la atención sobre el alcance verdaderamente fundamental y realmente universal de la invocación del Nombre divino; éste es, en el Cristianismo —como en el Budismo y en ciertas sectas iniciáticas hindúes— un Nombre del Verbo manifestado1 , en este caso el Nombre de «Jesús» que, como todo Nombre divino revelado y ritualmente pronunciado, se identifica misteriosamente con la Divinidad; es en el Nombre divino donde se efectúa el misterioso encuentro entre lo creado y lo Increado, lo contingente y lo Absoluto, lo finito y lo Infinito; el Nombre divino es así una manifestación del Principio supremo o, para expresarnos de una manera todavía más directa, es el Principio supremo que se manifiesta; no es, pues, en primer lugar una manifestación, sino el Principio mismo 2 . «El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, antes de que venga el gran terrible día del Señor —dice el profeta Joel—, pero aquellos que invoquen el Nombre del Señor serán salvados» 3 ; y recordemos también el principio de la primera Epístola a los Corintios, dirigida a «todos los que invocan el nombre de Nuestro Señor Jesucristo en todo lugar», y también, en la primera Epístola a los Tesalonicenses, la prescripción de «rogar sin descanso», que San Juan Damasceno comenta en estos términos: «Es preciso aprender a invocar el Nombre de Dios más que a respirar, en todo momento, en todo lugar y durante cualquier ocupación. El Apóstol dice: Orad sin descanso; es decir, enseña que se debe recordar a Dios en todo momento, en todo lugar y durante cualquier ocupación» 4 . No es, pues, sin razón que los Hesiquiastas consideran la invocación del Nombre de Jesús como legada por Este a los Apóstoles: «Es así —dice la Centuria de los monjes Calixto e Ignacio— como nuestro misericordioso y bienamado Señor Jesucristo, en el momento en que se acerca a Su Pasión libremente aceptada por nosotros, lo mismo que en el momento en que, después de Su Resurrección, Se muestra visiblemente a los Apóstoles e inclusive cuando se dispone a ascender hacia el Padre... ha legado a los Suyos estas tres cosas (la invocación de Su Nombre, la Paz y el Amor, que corresponden, respectivamente, a la Fe, la Esperanza y la Caridad)... El principio de toda actividad de amor divino es la invocación confiada del Nombre Salvador de Nuestro Señor Jesucristo, como El mismo ha dicho (Juan, 15, 5): Sin Mí no podéis hacer nada... Por la invocación confiada del Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, esperamos firmemente obtener Su Misericordia y la verdadera Vida oculta en El. Ella se asemeja a otro Manantial divino que no se agota jamás (Juan, 4, 14) y que hace brotar estos dones cuando es invocado el Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, sin imperfección, en el corazón.» Y citemos todavía este pasaje de una Epístola (Epístola ad monachos) de San Juan Crisóstomo: «Yo he oído decir a los Padres: ‘¿Qué es de ese monje que abandona la regla y la desprecia? El debería, cuando come y bebe, y cuando está sentado o cuando sirve a los otros, o cuando camina o cuando haga lo que haga, invocar sin parar: Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí...’ (v. Oração de Jesus).
«El nombre de Jesús — dice San Bernardo — no es solamente luz, es también alimento. Todo alimento es demasiado seco para ser asimilado por el alma si no está dulcificado por este condimento; es demasiado insípido, si esta sal no le quita su insipidez. Yo no encuentro ningún gusto en tus escritos, si en ellos no puedo leer ese Nombre; ningún gusto en tus discursos, si no lo oigo resonar en ellos. Ese Nombre es miel para mi boca, melodía para mis oídos, alegría para mi corazón, pero también un remedio. ¿Que alguno de vosotros se siente abatido por la tristeza? Que guste a Jesús con la boca y con el corazón, y he aquí que a la luz de Su Nombre toda nube se disipa y el cielo vuelve a estar sereno. ¿Que alguno se deja arrastrar a una falta o experimenta la tentación de la desesperación? Que invoque el nombre de la Vida y la Vida lo reanimará» (Sermón 15 sobre El Cantar de los Cantares).
O Nome Jesus em grego é calculado pela gematria como 888, simbolismo da perfeição e harmonia do reino espiritual: Ι = 10 Η = 8 Σ = 200 Ο = 70 Υ = 400 Σ = 200
É interessante notar que Clemente de Alexandria referia-se a Jesus como o sol de medianoche e explicava como o poder do Logos “afinava” os elementos díspares da criação em uma harmonia musical. De fato, 888 é matematicamente relacionado ao chamado “quadrado mágico do sol”; além disto, na teoria musical, .888 é a razão (logos) do tom inteiro, a ligação medidora entre duas tetracordas da oitava. Assim Clemente de Alexandria referia-se a recente manifestação do Cristo, fundando a emergente Cristandade, como a “Nova Música” do Logos eterno: uma nova expressão espiritual do padrão preexistente de harmonia no qual toda a criação se baseia.
888, o número de Jesus, o sol de medianoche dos primeiros cristão, como 666 e outros “números triplos” podem ser derivados do quadrado mágico do sol, e por esta razão “números triplos” tiveram sempre uma significação solar. Estes números — 666 e 888 — são também a razão que subjaz a formação da escala musical e assim foram reverenciados desde o tempo de Pitagoras ou até antes.
Devido ao fato de que o nome grego de Jesus é equivalente a 888, os primeiros cristãos gnósticos referiam-se a seu nome como a “Plenitude de Ogdoadas”, em outras palavras, a “Completude de Oitos”. Reportando-se às doutrinas gnósticas, Irineu de Lião afirma “Jesus é um nome aritmeticamente simbólico, consistindo de seis letras, e é conhecido por todos aqueles que pertencem ao chamado”. Os gnósticos referiam-se a Jesus como a Ogdoada, porque ele “continha nele mesmo a integralidade dos “elementos” (gr. stoicheia = letras), que descem da pomba, (que é Alfa e Omega) tornada claramente manifesta, quando veio a ser batizado; pois o número da pomba é 801”. O significado desta afirmação é simples: o nome de Jesus, 888, é um nome perfeito englobando toda a criação, e está refletido na perfeição das 24 letras do alfabeto grego clássico que, numericamente, contém 8 letras denotando centenas, 8 denotando dezenas e 8 denotando unidades. Jesus é portanto Alfa e Omega, a abrangente plenitude espiritual, que foi feita manifesta pela descida da pomba em seu batismo. Isto porque a palavra grega para pomba (peristera) é equivalente a 801, que também é o valor de Α e Ω.
Este tipo de simbolismo foi desenvolvido dentro de alguns círculos da igreja primitiva, e Orígenes parece referir-se a esta gematria quando escreve: “Um homem que foi adornado com o dom espiritual chamado “palavra de sabedoria” explicará também a razão para a abertura dos céus e a forma da pomba, e porque o Espírito Santo não apareceu para Jesus na forma de qualquer outro ser vivo mas este”. Talvez isto seja também a razão porque Paulo Apostolo, do qual temos os mais antigos documentos cristãos, sustentasse que Jesus possuía um “nome que estava acima de todos os nomes”.
O relacionamento entre Jesus e o simbolismo da Ogdoada foi desenvolvida bastante nos ensinamentos da igreja primitiva. Uma razão para tal foi que “Cristo ressuscitou dos mortos no oitavo dia, o dia de Helios (Sol)" e "este foi o primeiro dia da Criação e para os cristãos se tornou de novo o primeiro dia". Em outras plavras, a criação do mundo começa no Domingo, sendo Dia do Sábado o último dia da criação no Gênesis, dia de repouso para os judeus. Jesus, o Sol Espiritual, ressuscita do túmulo no domingo, doravante considerado o oitavo dia, início de um novo tempo, uma nova fase da criação. Um hino de Orígenes celebra o mistério da Ogdoada, e a concepção foi ainda mais desenvolvida por alguns Padres da Igreja.