Consideraciones semejantes podrían aplicarse a toda otra posibilidad de no manifestación; podríamos tomar otro ejemplo, como el silencio, pero la aplicación sería demasiado fácil de hacer como para que sea útil insistir más en ello. Así pues, a este propósito, nos limitaremos con hacer observar esto: como el No Ser, o lo no manifestado, comprende o envuelve al Ser, o al principio de la manifestación, así también el silencio conlleva en sí mismo el principio de la palabra; en otros términos, del mismo modo que la Unidad ( el Ser ) no es más que el Cero metafísico ( el No Ser ) afirmado, así también la palabra no es más que el silencio expresado; pero, inversamente, el Cero metafísico, aunque es la Unidad no afirmada, es también algo más ( e inclusive infinitamente más ), y, del mismo modo, el silencio, que es uno de sus aspectos en el sentido que acabamos de precisar, no es simplemente la palabra no expresada, ya que es menester dejar subsistir en él, además, lo que es inexpresable, es decir, no susceptible de manifestación ( pues quien dice expresión dice manifestación, e incluso manifestación formal ), y por consiguiente de determinación en modo distintivo 1 . La relación establecida así entre el silencio ( no manifestado ) y la palabra ( manifestada ) muestra como es posible concebir posibilidades de no manifestación que corresponden, por transposición analógica, a algunas posibilidades de manifestación 2 , sin pretender por lo demás en modo alguno, aquí todavía, introducir en el No Ser una distinción efectiva que no podría encontrarse en él, puesto que la existencia en modo distintivo ( que es la existencia en el sentido propio de la palabra ) es esencialmente inherente a las condiciones de la manifestación ( por lo demás, modo distintivo no es aquí, en todos los casos, forzosamente sinónimo de modo individual, puesto que este último no implica especialmente la distinción formal ) 3 .
Ananda Coomaraswamy: A DOUTRINA DO SILÊNCIO
Frithjof Schuon: O ESOTERISMO COMO PRINCÍPIO E COMO VIA
A questão que se coloca aqui é a de saber não apenas o que o homem escolhe, ou o que a sua natureza particular exige ou deseja, mas também, e até mesmo primordialmente, como Deus quer ser abordado; seja pelo vazio, ausência de tudo o que não é Ele, seja pela plenitude de suas manifestações, seja ainda alternadamente pelo vazio e pela plenitude, do que as hagiografias nos fornecem muitos exemplos. E, afinal de contas, é Deus que se procura Ele próprio por meio do jogo dos seus velamentos e desvelamentos, dos seus silêncios e das suas palavras, das suas noites e dos seus dias.
NOTAS: