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Viagem

CAMINHO — VIAGEM


VIDE: TAO; INICIAÇÃO; AÇÃO; AGON; CAMINHANTES; PRAXIS; PRAKTIKE


Segundo Whitall Perry, o trabalho espiritual é frequentemente assimilado a uma jornada, idealmente concebida em termos de uma recuperação progressiva da Realidade Suprema. Assim organizou seu monumental livro "TESOURO DA SABEDORIA TRADICIONAL", tomando como referência os estágios sucessivos desta jornada, claramente aludidos por Mestre Eckhart:



Jean-Pierre Laurant: A VIAGEM

Roberto Pla

A peregrinação desde a imagem à luz é a grande renovação religiosa do homem segundo a Boa Nova, porque ela é por si só a viagem a essência verdadeira. O primeiro homem — o homem velho — ao qual Paulo Apostolo denomina em outra ocasião, “Adão, alma vivente” é aquele cuja consciência aparece identificada de maneira “natural”, ingênua, ainda que só por ignorância, com os conteúdos passageiros, temporais, da psique, os quais toma, erroneamente, por seu verdadeiro Ser, por seu eu. Tal homem primeiro — o qual será último segundo o evangelho (ÚLTIMOS PRIMEIROS) — é qualificado de “vivente” porque tudo aquilo com o qual ele se identifica é mortal, pois consiste em ser imagem terrena, manifestada, do homem verdadeiro. Sua vida, tomada “de empréstimo”, só dura enquanto se mantem a prestação.


Ibn Arabi: Denis Gril: DU VOYAGE

Miguel Asin Palacios: EL ISLAM CRISTIANIZADO

Supuesta en el novicio la exigua instrucción dogmática y moral, que según dijimos basta, a juicio de Abenarabi, para emprender la marcha por el camino de la perfección, penetrado bien su espíritu de la necesidad y gratuidad de la gracia divina y de que es medio indispensable para el éxito la muerte de la propia voluntad por la obediencia al maestro, representante de Dios, ya no le resta, por su parte, más que someterse a las prescripciones de aquél, que ha de ser su único guía en el camino y su solo capitán en el combate.

Estos dos similes, de abolengo cristiano, ejemplifican para Abenarabi, como para todo ascético musulmán, el método espiritual. Ya San Agustín lo llamaba, efectivamente, así: viaje y camino ("iter", "via"), y San Juan Clímaco lo denominaba xeniteia, que es decir, "viaje al extranjero". Todos los ascéticos musulmanes coinciden asimismo en calificarlo de viaje (safara). Desde otro punto de vista, es también una lucha o combate del alma contra los vicios, para vencerlos y adquirir las virtudes opuestas. Los ascéticos del monacato cristiano lo llamaban, por eso, agonisma, como los musulmanes mochanada, que es su calco perfecto.

De cinco cosas pende, según Abenarabi el éxito de este viaje y de esta lucha; a saber: 1.°, del físico temperamento, o sea, de la complexión natural del sujeto, más o menos apta para soportar las dificultades que la lucha implica; 2.°, del propósito, más o menos firme y decidido; 3.°, de la intención, más o menos recta y sincera; 4.°, de la espiritualidad, más o menos intensa; 5.°, de la dirección, en fin, mejor o peor orientada, que el maestro le imprima. Huelga ponderar el alcance y tino certero de esta doctrina. Obvio es, en efecto, que las cualidades psicofisiológicas del sujeto influyen en pro y en contra, según ellas sean, para el éxito o para el fracaso, si no total, parcial por lo menos, en el logro de toda obra humana; ni es menos palmario que el sujeto más apto físicamente para la marcha o el combate ascético, se quedará atrás o será vencido, si le falta firmeza en el propósito, sinceridad en la intención y orientación recta por parte del director. En cuanto a lo que Abenarabi llama espiritualidad ("ruhanía"), es evidente, por exclusión, que se ha de identificar con lo que los místicos cristianos llaman "vida interior", es decir, la aptitud del alma para la virtud, fruto de la gracia; y por lo que a la pureza o rectitud de intención atañe, debe ser tan sincera, que esté exenta de todo otro fin que no sea el de agradar a Dios.

Una doble advertencia añade todavía Abenarabi, pertinente a la intención y al propósito: la primera es que el novicio entre con la convicción de que el camino que va a recorrer es el camino de las tribulaciones, pues sólo mediante ellas, soportadas con paciencia amarga, con resignación y hasta con alegría, es como se logran las más altas moradas de la vida mística; es la segunda, que la meta a que el alma debe tender es a lograr la perfección por las obras buenas; apetecer y buscar de propósito los carismas y estados místicos, en vez de la perfección, es desviarse de la meta. Los entendidos en psicología mística no dejarán de apreciar en todo su valor la fina penetración que estas dos advertencias, de espíritu teresiano, denuncian en su autor. Más adelante volveremos sobre ellas al estudiar su doctrina sobre los carismas y las tribulaciones.

Otros consejos, previos como los citados para emprender la marcha, aparecen dispersos en varios lugares de sus opúsculos. Uno es el que se refiere a la necesidad de aprovechar el tiempo, que sin cesar huye y que tan precioso es para la salvación del alma. El que está convencido de esta verdad, no pierde los instantes de vida que Dios le otorga para obrar el bien, sino que los aprovecha esforzándose en servirle. Dios, por su parte, premia generoso con nuevas gracias los esfuerzos que el alma hace, movida por las gracias primeras, en su servicio. El síntoma, en fin, seguro para conocer si el alma entra con verdadera voluntad de servir a Dios, consiste en el abandono de la propia voluntad, es decir, en la muerte del amor propio, entregándose con toda obediencia y confianza a la dirección del maestro, como escala para subir hasta Dios.