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id da página: 9739 Coincidentia Oppositorum

Coincidentia Oppositorum

DUALIDADE — COINCIDENTIA OPPOSITORUM

VIDE: Guenon Oposiciones

Wei Wu Wei

O Veículo Supremo é a negação total de ambos os elementos de todos os possíveis contraditórios (opostos), de todos os conceitos e de seus contrapartes. Ele nega tanto o positivo quanto o negativo: nega a própria negação. De modo resoluto e definitivo, em um único gesto completo, afasta-se de todas as afirmações e conclusões possíveis. A objetificação é vista como objeti-ficção — e é, de uma vez por todas, aniquilada.

Isto é a visão verdadeira, a visão total, e a libertação de tudo quanto constitui servidão, pois a negação é reconhecida como a verdadeira natureza dos fenômenos ilusórios, que são vazios, e é por meio da Negação que isso é visto.

Nenhum elemento de aprisionamento permanece, pois todo aprisionamento é conceitual. Tampouco há liberdade — já que não há entidade não conceitual que possa ser livre, nem algo que prenda, do qual se possa libertar. Assim, a negação fenomênica total (ausência) revela-se como a afirmação noumenal total (presença).

A negação é a verdade, por meio do conhecimento da qual podemos estar conscientes do que somos no ato de conhecer o que não somos.

Nota: O que foi dito acima é não apenas o coração do budismo — um resumo do Madhyamika, enunciado no Sutra do Coração —, mas também o ensinamento do Maharshi que, pouco antes de sua morte, empregando três contrapartes interdependentes, afirmou:

Não há Criação nem Destruição, Nem Destino nem Livre-arbítrio, Nem Caminho nem Realização; Esta é a Verdade final.

Confirmá-la seria presunçoso, reafirmá-la é um dever, compreendê-la é libertação.

Es precisamente de los «pares de contrarios de lo que el Liberado (muktah, √ muc = lyo, eleutheron, liberare) se libera (dvandvair vimuktah, Bhagavad Gita XV.5, cf. V.3), o, en otras palabras, «de nombre y aspecto» (nama-mpat, Mundaka Upanishad III.2.3), de la tiranía de todas las cosas definibles en los términos de lo que son y no son, tales como grande y pequeno, placer y dolor, bien y mal y demás «valores». La coincidencia de los contrarios —por ejemplo, de pasado y futuro, cerca y lejos— solo puede ser en un ahora sin duración («otro que el pasado y el futuro», Katha Upanishad II.14) y en un espacio que no se puede atravesar. De aquí el simbolismo de la «puerta estrecha», Wunderthor y Symplegades, que se encuentra por todo el mundo desde la India a Alaska. Así, «el Paraíso en el que Dios mora está rodeado por la coincidencia de los contrarios, y eso es su muro, cuya puerta está guardada por el espíritu de razón más alto y no puede ser pasada hasta que es vencido; ni puedes Tú ser visto en el lado de acá de esta coincidencia de contrarios, sino solo más allá de ellos» (Nicolás de Cusa, De visione Dei IX), donde, como dice el Maestro Eckhart, «ni el vicio ni la virtud entraron nunca». Para la historia de los «contrarios» (enantia) en la metafísica griega, ver E. R. Goodenough, «A Neo-Pythagorean Source in Philo Judaeus», en Yale Classical Studies, III (1932). [Ananda Coomaraswamy: Coomaraswamy Persona]
Podría ocurrir que nuestras oposiciones clásicas que se expresan en el rechazo del alba hostil, o, al contrario, en la angustia del crepúsculo, de la «noche rechazada, no sean en definitiva más que dobles que se han vuelto ya irreconocibles, es decir, la diferenciación en las áreas geográficas mediterránea y septentrional de un mismo gran mito original. Habría entonces como un estallido de este mito en dos angustias, dos rechazos, dos impotencias correlativas del hombre que ha perdido su «dimensión polar», es decir, del hombre que no está ya orientado respecto del polo celeste, y que está entregado al dilema del día que sucede a la noche, o de la noche que sucede al día.

Hay ambigüedad entre lo divino y lo satánico en tanto la conciencia no distingue entre lo que es su día y lo que es su noche. Hay una claridad del día exotérico: mientras prevalecen sus condiciones, el «sol de medianoche», que es luz iniciática, no puede mostrarse. El día exotérico son las normas racionales, los imperativos conformistas, las soluciones ya hechas; este día reina en tanto que el alma dormita en la noche de la inconsciencia del Sí. Este día y esta noche se ignoran uno a otro, y sin embargo están en connivencia; el alma vive en este día sólo porque la noche está en ella. Es el final de esta ambigüedad lo que anuncia el «sol de medianoche» cuyos horizontes se superponen: puede ser la noche divina de la supraconciencia irradiando al campo de luz de la conciencia, y puede ser la luz de ésta subyugando la tiniebla de la subconciencia, de la inconsciencia que la rodeaba. En uno y otro caso, un resplandor desgarra la trama de las evidencias conocidas: ficción de las relaciones causales, de las evoluciones lineales, de las corrientes continuas, todo lo que sostiene eso que se ha convenido en llamar el «sentido de la historia». [Henry Corbin: Corbin Homem Luz]

La naturaleza de las cosas es tal que nada es incapaz de ser «eso» [o sea todo puede ser «eso»] y nada es incapaz de ser «esto» [o sea todo puede ser «esto»].

Solemos distinguir entre «esto» y «eso» y hablar de las cosas que nos rodean en función de esta oposición básica. Lo que es «esto» no es «eso», y lo que es «eso» no es «esto». La relación corresponde, básicamente, a la de «yo» («esto») y «los demás» («eso»).

Desde el punto de vista de «yo», «yo» soy «esto», y todo lo demás es «eso». Pero, desde el punto de vista de «los demás», ellos son «esto», y «yo» soy «eso». Dicho de otro modo, la distinción entre «esto» y «eso» es puramente relativa.

Desde la perspectiva de «eso» [por sí solo], «eso» no puede aparecer [como «eso»]. Sólo cuando yo [o sea «esto»| me conozco a mí mismo [[como «esto») puede [[«eso»] ser conocido [como «eso»].

«Eso» se establece como «eso» sólo cuando «esto» se establece y lo considera como objeto o como algo distinto a «esto». Sólo cuando advertimos la relatividad fundamental de «esto» y «eso» podemos esperar alcanzar la comprensión real de la estructura de las cosas.

Naturalmente, lo más importante es que esta relatividad tenga que ser entendida a través de la «iluminación». La comprensión de la relatividad ontológica mediante la Razón (que no es, en modo alguno, difícil de conseguir) resulta inútil salvo como fase preparatoria para captar la cuestión por la «iluminación». En el siguiente capítulo se pondrá de manifiesto que la «relatividad» no constituye la totalidad de la estructura ontológica de las cosas. La «relatividad» no es más que un aspecto de ésta, ya que, en el pensamiento de Zhuangzi, la estructura ontológica de las cosas en su realidad es la de la «indiferenciación caótica» que ya hemos mencionado con frecuencia anteriormente. La «indiferenciación caótica» se encuentra fuera del alcance de la Razón. Si, pese a ello, ésta persiste en su intento de entenderla a su manera, la «indiferenciación» sólo se le revela bajo forma de «relatividad». La «relatividad» de las cosas representa, en otras palabras, la «indiferenciación» ontológica original rebajada al nivel del pensamiento lógico. En este capítulo, seguimos en dicho nivel.

Por ello se dice: «eso» proviene de «esto», y «esto» depende de «eso». Esta doctrina recibe el nombre de Fang Sheng, la «dependencia mutua». Sin embargo [esta relación recíproca entre «esto» y «eso» debe ser entendida como principio básico aplicable a todas las cosas]. Al haber «nacimiento», hay «muerte»; al haber «muerte», hay «nacimiento». Asimismo, al haber «bien», hay «no bien»; al haber «no bien», hay «bien».

Zhuangzi quiere decir que la verdadera Realidad es el Uno que abarca todos estos opuestos, que la división de este Uno original en «vida» y «muerte», «bueno» y «malo», o «correcto» y «erróneo», etc., se debe a los diversos puntos de vista humanos. De hecho, en el mundo, todo es «bueno» desde la perspectiva de un hombre que adopta esa postura. Y nada puede dejar de ser considerado «malo» desde la perspectiva de un hombre que adopta esa postura. La auténtica Realidad es previa a dichas divisiones. Es «buena» y «no buena», y no es ni «buena» ni «no buena».

En consecuencia, el «hombre sagrado» no se basa [en ninguna de estas oposiciones], sino que ilumina [todas las cosas] con la luz del Cielo.

En verdad, esta [actitud del «hombre sagrado»] es también la de un hombre que se basa en lo [que considera] «correcto». Pero [dado que no es el tipo de «corrección» que se opone al «error», sino una Corrección absoluta y transcendental, que abarca todas las oposiciones y contradicciones,] «esto» es, en este caso, lo mismo que «eso», y «eso», lo mismo que «esto». [Se trata de una postura qu abarca y transciende tanto lo «correcto» como lo «erróneo», de modo que, aquí «eso» unifica «correcto» y «erróneo», pero «esto» también unifica «correctio» y «erróneo».

[[Desde esta perspectiva] ¿hay acaso alguna distinción entre «eso» y «esto»? ¿No será que ni existen siquiera «eso» y «esto»?26 Esta fase en que «eso» y «esto» han perdido sus respectivos contrarios debe ser considerada el Eje de la Vía.

El eje de una puerta sólo puede empezar a funcionar infinitamente cuando ajusta en la bisagra. [De igual modo, el Eje de la Vía puede responder infinita y libremente a las situaciones perpetuamente cambiantes del mundo fenoménico sólo cuando se encuentra en medio del Uno absoluto, que transciende todas las oposiciones fenoménicas.] [En tal estado,] lo «correcto» es uno, uniforme e infinito; lo «erróneo» también es uno, uniforme e infinito.

Esta es la razón por la que afirmo que nada vale más que la «iluminación».

[Toshihiko IzutsuSufismo e Taoismo]