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Coran

ISLAME — CORÃO


Frithjof Schuon: Schuon Corão

Como el Profeta ha dicho, cada palabra del Corán comprende varios sentidos, lo que es un rasgo común a todos los textos revelados, porque el proceso de revelación en cierto modo traza de nuevo el de la manifestación divina, que igualmente implica una multiplicidad de grados. La interpretación de los sentidos «interiores» del Corán se fundamenta, a la vez, en la naturaleza simbólica de las cosas mencionadas y en los múltiples significados de las palabras. Cada lengua relativamente primordial, como el árabe, el hebreo o el sánscrito, posee un carácter sintético, una expresión verbal que aún contiene todas las modalidades de una idea, desde lo concreto hasta lo universal. Se puede decir que la exégesis ordinaria del Corán considera las expresiones en su sentido inmediato, en tanto la exégesis sufí descubre en ellas los significados transparentes; o, con otras palabras, el exoterismo las comprende de manera convencional, mientras que la interpretación sufí percibe el carácter directo, original y espiritualmente necesario. Por ejemplo, cuando el Corán dice que el que acepta ser guiado por Dios será guiado «para sí mismo» (linafsihi) —lo que también significa «hacia sí mismo»— y el que permanece ignorante lo está «sobre sí mismo» ('alà nafsihi), la interpretación de los exoteristas se limitará a la idea de la recompensa que recibirá el que obedece la exhortación divina; en cambio, el sufí entenderá este versículo coránico en el sentido del dicho del Profeta: «El que se conoce a sí mismo (nafsahu), conoce a su Señor»; interpretación que sin embargo es tan fiel al sentido literal como la del exoterista y hace resaltar claramente todo el rigor lógico de la fórmula sin excluir por lo demás la aplicación considerada por los doctores del «exterior». Del mismo modo, cuando el Corán afirma que la creación de los cielos y la tierra y la de todos los seres, era para Dios «como la creación de una sola alma», el exoterista verá en ello a lo sumo la simultaneidad de la creación total, mientras el esoterista deducirá, al mismo tiempo, la unidad intrínseca del cosmos, que está constituido como un solo ser universal.

En ocasiones, la exégesis sufí en cierto modo invierte el significado exotérico del texto. De esta forma es como las amenazas divinas de la destrucción y aniquilamiento «exteriormente» aplicadas a los condenados, son interpretadas incidentalmente en el sentido de describir la discriminación y la extinción del alma durante la realización espiritual. Es indudable que el punto de vista propio de la individualidad como tal y el del intelecto trascendente e impersonal pueden contradecirse por el mismo hecho de su oposición, real aunque no absoluta.

Por último, existe la exégesis fundada en el simbolismo fonético del Corán. De acuerdo con esta ciencia, cada letra, es decir, cada sonido —la escritura árabe es fonética—, corresponde a una determinación del sonido primordial e indiferenciado que es como la substancia de la perpetua enunciación divina. El europeo moderno tiene dificultad en concebir que un texto sagrado, aunque esté manifiestamente unido a determinadas contingencias históricas, se corresponda, hasta en su forma sonora, con realidades de orden supra-individual. Por consiguiente, no será inútil dar aquí un breve resumen de la teoría de la revelación del Corán: De acuerdo con el sentido «interior» de la sura al-qadr (XCVII), el Corán fue «hecho descender» globalmente, en la «noche de la predestinación», como un estado indiferenciado de conocimiento divino, y se «fijó» no en la mente del Profeta, sino en su cuerpo, es decir, en la modalidad de la conciencia que se identifica con el cuerpo y cuya naturaleza relativamente indiferenciada se relaciona con la pura potencialidad cósmica. Toda potencialidad es una «noche», puesto que contiene las posibilidades de manifestación de manera global y confusa. Del mismo modo el estado de receptividad perfecta, que es el estado del Profeta en el momento del «descendimiento» del Corán, es una «noche» en la que no penetra ningún otro conocimiento; la manifestación se compara aquí con el día. (Burckhardt Sufismo)


De este modo, llegamos al Sagrado qur'ân, del cual se dice ser el cúlmen o resumen de todos los mensajes aportados por los 144.000 profetas con los que Dios adornó a la humanidad. Así, dentro del esoterismo islámico, la completud de los aspectos universales, que como naturaleza divina, abarca al conjunto de posibilidades principiales y formales del Ser es designada como la afirmación suprema de la Esencia absoluta y, entre sus inagotables sentidos e innumerables atributos o dignidades es señalada como umm al-kitâb (la Madre del Libro) cuyo simbolismo habitual es el tintero como recipiente de al-hurûf (las Letras trascendentes).

Concerniente a los principios, en relación a dicha afirmación suprema, se halla el Malakut designado como un estado de intercesión entre la Presencia mas cercana de Allah y las realidades de la existencia. De tal modo, que es el Rûh al-Quds (el espíritu mas puro) identificado con Yibrîl (el ángel Gabriel) el encargado de llevar al-qur'ân de su matríz universal y depositarlo en el corazón de Muhammad (el "Sello de la profecía") cuando su retiro en la caverna de Hirâ.

La dignidad conferida al profeta como "Sello de la Profecía" permite, tal como decíamos, aceverar de su Revelación, no tan sólo como el resumen acabado de los antecesores Libros sagrados, sino también de una actualización vital y providencial del Verbo de Dios, que como Mensaje Eterno y Palabra Primordial es la Revelación de siempre, en este caso después de Muhammad, por lo que necesariamente debe ser muhammadiana.




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