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Futuro



René Guénon: O TEMPO TRIPLO

El fin de la Providencia es la perfección de todos los seres, y esta perfección, recibe de Dios mismo su tipo irrefragable. El medio que ella tiene para llegar a este fin, es lo que llamamos el tiempo. Pero el tiempo no existe para ella según la idea que tenemos nosotros de él 1 ; ella lo concibe como un movimiento de eternidad». Todo esto no está perfectamente claro, pero podemos suplir fácilmente esta laguna; ya lo hemos hecho hace un momento, por lo demás, en lo que concierne al Hombre, y por consiguiente a la Voluntad. En cuanto a la Providencia, desde el punto de vista tradicional, es una noción corriente que, según la expresión coránica, «Dios tiene las llaves de las cosas ocultas» 2 , y por consiguiente, concretamente, de las cosas que, en nuestro mundo, todavía no se han manifestado 3 ; el porvenir está en efecto oculto para los hombres, al menos en las condiciones habituales; ahora bien, es evidente que un ser, cualquiera que sea, no puede tener ninguna influencia sobre lo que no conoce, y que, por consiguiente, el hombre no podría actuar directamente sobre el porvenir, que, por lo demás, en su «perspectiva» temporal, no es para él más que lo que todavía no existe. Por otra parte, esta idea ha permanecido incluso en la mentalidad común, que, quizás sin tener consciencia muy clara de ello, lo expresa con afirmaciones proverbiales tales como, por ejemplo, «el hombre propone y Dios dispone», es decir, que, aunque el hombre se esfuerce, en la medida de sus medios, en preparar el porvenir, no obstante, éste no será en definitiva más que lo que Dios quiera que sea, o lo que le haga ser por la acción de su Providencia (de donde resulta, por lo demás, que la Voluntad actuará tanto más eficazmente en vistas del porvenir cuanto más estrechamente unida esté a la Providencia); y se dice también, más explícitamente aún, que «el presente pertenece a los hombres, pero el porvenir pertenece a Dios». Así pues, no podría haber ninguna duda a este respecto, y es efectivamente el porvenir el que, entre las modalidades del «triple tiempo», constituye el dominio propio de la Providencia, como lo exige por lo demás la simetría de ésta con el Destino que tiene como dominio propio el pasado, ya que esta simetría debe resultar necesariamente del hecho de que estas dos potencias representan respectivamente los dos términos extremos del «ternario universal».


Filosofia

Michel Henry: Filosofia da Carne
Hemos visto cómo en la audición de un sonido, la conciencia se proyecta hacia la fase esperada (por venir) de este sonido, y ello en una intencionalidad denominada protención. Esta fase esperada adviene al presente; es percibida en una conciencia del ahora, antes de deslizarse al instante hacia el pasado, retenida en una conciencia intencional del pasado inmediato, en una «retención». Estas tres intencionalidades, que funcionan al mismo tiempo en la audición de un sonido que dura, constituyen su captación temporal. Pero la captación de este objeto temporal que es el sonido que dura es, en primer término, una captación del tiempo mismo, una «conciencia interna del tiempo», si es verdad que la captación intencional de la fase por venir del sonido presupone una captación del futuro como tal; la captación de la fase actual, una captación del ahora como tal; y la captación del deslizamiento hacia el pasado de la fase que era presente, una captación del pasado como tal. Mientras que las fases sonoras constituidas intencionalmente no cesan de deslizarse del futuro hacia el pasado, las intencionalidades que las dan hacen lo mismo: pasan constantemente las unas a las otras en un flujo, flujo en el que, según Husserl, consiste nuestra subjetividad originaria.

Este deslizamiento continuo de las fases dé un flujo temporal originario es el que ha conducido a Heidegger a sustituir el concepto tradicional de tiempo por lo que él llama, de forma muy significativa, una temporalización de la temporalidad («die Zeitigung der Zeitlichkeit»). El tiempo no «es» al modo de una cosa, adviene bajo la forma de una pro-yección ante nosotros de un horizonte que es el horizonte del futuro. Éste, en efecto, no cesa de hundirse ante nosotros como lo que viene hacia nosotros, lo que viene al presente antes de deslizarse hacia el pasado. Las tres intencionalidades husserlianas constitutivas de la conciencia interna del tiempo -protención del futuro, conciencia del ahora y retención del pasado- se han convertido en tres «Ek-stasis», los del futuro, el presente y el pasado. El horizonte de visibilidad en que consiste el aparecer del mundo toma forma en el pasaje continuo de uno a otro de estos tres ekstasis (del futuro al presente y al pasado). El aparecer del mundo se cumple así bajo la forma de la temporalización de la temporalidad. Su aparecer, es decir, su presencia para nosotros o, como dice Heidegger, su «ser-ahí», su Da-sein.

Anthony Damiani: ASTRONOESIS
O «devir» enquanto termo técnico, se refere ao mundo e à experiência como processo de momento-a-momento que nunca é completado. O Sistema da Natureza é o mundo da aparência ou «devir». (No Platonismo, devir e Ser são frequentemente vistos como opostos dualísticos. Plotino discute Devir e Ser em Enéada VI.2.1).