O EXEMPLARISMO VÉDICO
PODER DO NOME
Por consiguiente, en los párrafos concluyentes del presente ensayo, recogeremos algunos de los textos védicos en los que, explícita o implícitamente, se encuentra la doctrina de que la pronunciación de un nombre es de eficacia creativa. Por ejemplo, «Él, por los nombres de las cuatro (estaciones), ha puesto en movimiento sus noventa corceles, como una rueda redonda» (Rg Veda Samhita 1.155.6), a saber, la Rueda del Ano, en tanto que está hecha de cuatro estaciones de noventa días; es «por esos cuatro inmaculados nombres de titán (asuryani namadabhyani. yebhih), como Él sabe bien, que tú, Indra, has cumplido toda tu magnifica obra» (karmani cakartha, Rg Veda SamhM X.54.4; cf. III.38.4; X.73.8); es según estos nombres ocultos como el hacedor de todas las cosas nombra, es decir, crea, a los Ângeles, que son devamm mmadhah, Rg Veda Samhita X.82.3; es recurriendo a Agni como estos Ângeles «obtienen para sí mismos esos nombres por los que son adorados sacrificialmente, y promueven así su propia incorporación bien nacida» (namani. dadhire yajniyany, asudayanta tanvah sujatah, Rg Veda Samhita I.72.3)1 ; es en tanto que «conoce los distantes nombres ocultos (apicya veda mmani guhya) como Varuna propaga la multiplicidad de las nociones de las cosas creadas (kavya puru. pusyati), lo mismo que el Cielo (es decir, el Sol) propaga su aspecto (rupam)»2 , las cuales «nociones de las cosas creadas» (kavya = kavikarmani, ver n. 4) «son inherentes a él como el cubo dentro de la rueda» (Rg Veda Samhita VIII.41.5 y 6). La actividad productiva de los principios co-creativos es similarmente nominativa (mmadheyam dadhanah, Rg Veda Samhita X.71.1)3 ; «Lo que era la virtud bovina (sakmyam goh, cf. sagmyena, III.31.1) del Toro y de la Vaca, eso ellos lo midieron con nombres (a namabhih mamire), haciendo una imagen manifestada en ello» (ni. mamire rupam asmin, Rg Veda Samhita III.38.7); «Entonces, ciertamente, ellos recordaron (amanvat) el nombre distante (nama. apicyam, admirablemente traducido por Griffith como la "forma esencial") de la Vaca de Tvastr, dentro de la mansión de la Luna» (Rg Veda Samhita 1.84.15), «Cuando él (el Sol) ascendía, y todas las cosas le adornaban; a quien se mueve auto-luminoso, investido de gloria; esa es la forma del Toro, la magnífica forma del Titán; es el Omniforme quien toma su sede en sus aeviternidades» (mahat tad vrsno asurasya nama, a visvarupo amrtani tasthau, Rg Veda Samhita III.38.4, donde Visvarupa debe ser Tvastr, y amrtani, pl., contrasta con un anantatva implicado en, o como el cual, el Asura yace reclinado, ante principium); «El Hijo (el Sol) en la luz del Cielo determina el tercer nombre oculto del Padre-Madre» (dadhati putrah pitror apicyam nama trtiyam adhi rocane divah, IX.75.2, donde dadhati. nama es lo mismo que ser namadhah en Rg Veda Samhita X.82.3, según se cita arriba); y todo esto es al mismo tiempo una recordación creativa en el sentido platónico, como en Rg Veda Samhita X.63.8, donde los Visve Devah son «concienzudos de todo lo que es móvil o inmóvil» (visvasya sthatur jagatas ca mantavah). Es «con palabras» (vacobhih) como ellos «conciben múltiple a quien es solo Uno»4 (Rg Veda Samhita X.114.5); ciertamente, que Él aparezca depende de la encantación ritual, «Y muchos cantaron, trajeron a la mente el Gran Canto, por cuyo medio hicieron brillar al Sol»{FOOTNOTE} (arcanta eke mahi sama manvata, etc., Rg Veda Samhita VIII.29.10); «con un pronunciamiento angélico abrieron la majada del ganado» (vacasadaivyena, etc., Rg Veda Samhita IV.1.15)5 .
Los «nombres» o «noumenos» de las cosas son, además, sempiternos, y en este respecto desemejantes de las cosas mismas en su manifestación contingente: «Cuando un hombre muere, lo que no sale de él es su nombre (nama; similarmente Brhadaranyaka Upanishad III.1.9, manas), que es sin fin (ananta); y en tanto que lo que es sin fin es los Múltiples Ângeles, con él gana, en consecuencia, el mundo sin fin (anantam lokam)», Brhadaranyaka Upanishad III.2.12; en otras palabras, su nombre está «escrito en el Libro de la Vida». Desde el punto de vista de los principios volitivos, in potentia pero sedientos de ser en acto, la posesión de un «nombre» y la entidad correspondiente es naturalmente el gran desideratum6 , y lo que ellos más temen es ser «desposeídos de sus nombres»; cf. Rg Veda Samhita V.44.4, «Krivi en el bosque roba sus nombres (krivir namani pravane musayati)».
Por otra parte, no debe olvidarse que la individuación e identificación son limitaciones específicas que implican la posesión de un solo conjunto de posibilidades particulares a exclusión de todas las demás. «El Habla (vac) es la cuerda, y los nombres (namani) los nudos con los que todas las cosas están atadas» (Aitareya Áranyaka II.1.6). Así pues, la liberación (mukti), en tanto que distinguida de la salvación, es otra cosa que un perpetuo e ideal ser siempre uno-mismo y, por así decir, una parte de la imagen del mundo; la liberación, en el sentido más pleno de la palabra, es una liberación no meramente del devenir fenómenico, sino de toda determinación noumenal cualquiera que sea7 . El ciclo, que para el Viajero debe comenzar con la audición o el encuentro de un nombre, para el Comprehensor debe acabar en el silencio, donde ningún nombre se pronuncia, ningún nombre se nombra y ningún nombre se recuerda. Allí, el conocimiento-de, que implicaría división, se pierde en la coincidencia de conocedor y conocido, «como un hombre estrechado en el abrazo de una querida esposa no sabe nada de un adentro o de un afuera» (Brhadaranyaka Upanishad IV.3.21); Allí, «nadie tiene conocimiento de cada uno que entra, de que es fulano o mengano» (Rumi); allí se responde a la súplica del alma, «Senor, mi dicha está en que tú nunca me recuerdes» (Maestro Eckhart). Si lo que es manifestable de la Identidad Suprema aparece a nosotros para ser contrastado en la variedad, e individualizado, la doctrina del Ejemplarismo, que cubre a las formas Orientales y Occidentales de una tradición común, exhibe la relación entre esta aparente multiplicidad y la unidad de la cual depende, y aparte de la cual su ser sería una pura no-entidad; y, además, en tanto que el fin último debe ser el mismo que el primer comienzo, queda así senalada la vía que conduce nuevamente de la multiplicidad a la unidad, de la semejanza a la realidad. Como en Aitareya Aranyaka II.3.8.3, 4, «Los Hacedores, dejando a un lado el Sí y el No, lo que es "llano" y lo que está velado en el habla8 , han encontrado su gesta. Ellos, que estaban tenidos en esclavitud por los nombres, están beatificados ahora en eso que se reveló; ellos se regocijan ahora en lo que había sido revelado por el nombre, en eso en lo cual la hueste de los Ângeles viene a ser uno; apartando todo mal con este poder espiritual, el Comprehensor alcanza el Paraíso»9 .
NOTAS
Cf. Chandogya Upanishad VI.1.4, «La modificación es una cuestión de expresión, una donación de nombres a las cosas» (vacarambhanam vikaro namadheyam, lo que recuerda también a Rg Veda Samhita X. 125.8, donde la Palabra, «Vac», habla de sí misma como arambhamana bhuvanani; arambha se ha definido como evocación, «iniciación mental de la acción»). El empleo de palabras de poder en el ritual se apoya en la base de la eficacia mágica de la enunciación: por ejemplo, PB VI.9.5, «Diciendo "nace" (jatam iti), él hace nacer (jijanat)», e ídem VI.10.3, «Diciendo "vive", pone la vida en aquellos que viven». Cf. Lankavatara Sutra, VI, p. 228, «Cuando se enuncian los nombres hay la manifestación de la apariencia (nimittabhivyanjakam), hay concepto (vikalpah)».
La doctrina de las ideas, inseparable de la del ejemplarismo, se repite en la ensenanza tradicional de todos los tiempos. Como observa E. Gilson, «La palabra idea se remonta a Platón, pero la cosa misma existía antes de él, puesto que es eterna. Debe suponerse, por lo demás, que otros hombres las habían conocido antes de él, sea cual fuere el nombre con que las hayan designado, pues hubo sabios anteriormente a Platón e incluso fuera de Grecia, y no hay sabiduría sin el conocimiento de las ideas» (Introduction a l'étude de Saint Augustin, París 1929, p. 257). Por ejemplo, la doctrina aparece ya en la concepción sumero-babilónica de la creación como una terminología o determinación, pues «los babilonios consideraban el nombre de una cosa como su realidad. nombrar una cosa prácticamente significa en su teología determinar su esencia» (Stephen Langdon, Sumerian Epic, Filadelfia, 1915, pp. 39-40, cf. ídem, Semitic Mythology, Boston, 1931, pp. 91, 289). En las Homilías Clementinas, en conexión con la doctrina del Verdadero Profeta, similar al «Avatara Eterno» indio, encontramos, con referencia a que Adán llame a las cosas por sus nombres, «Él mismo, siendo el único profeta verdadero, dio los nombres apropiados a cada animal, según los méritos de su naturaleza, como si los hubiera hecho».