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Mente

INSTRUMENTO — MENTE

VIDE: noûs; noema; mental

La mente es el prisma con el que se refracta la Luz de las luces (Rg Veda Samhita I.113.1, etc.), y en el que, inversamente, se vuelven a unir sus espectros. La Mente es doble, pura o impura, según sea afectada o no por sus percepciones; de donde la necesidad de una katharsis (suddha karana) si hemos de conocer la verdad, en tanto que distinta de la opinión; sobre las dos mentes, y el sentido de metanoia ver Coomaraswamy, «On Being in One's Right Mind», 1942.

La Mente es el niyantr (mayoral, √ yam, como en henia), pero a su vez está controlada por el Controlador último (antaryamin, Brhadaranyaka Upanishad III.7; niyantr, Maitri Upanishad VI.19, 30, cf. Katha Upanishad III.9). La Mente que tiene fines propios en vista puede ser incapaz de controlar o no querer controlar a los caballos, los cuales pueden ser o no ingobernables.

El Controlador último (antaryamin), deidad inmanente, sindéresis y «consciencia», es el Daimon socrático «que siempre me retiene de lo que "yo" quiero hacer» (Platón, Apología 31d): Sócrates piensa que es «muy bueno ser contrariado así», pero el hombre a quien sus deseos apremian solo se «encoleriza» por la voz de la Acrópolis que dice "Tú no harás" (República 440B, con Timeo 70A); en otras palabras, siente sus «inhibiciones» y «cocea contra el aguijón». [Coomaraswamy Persona]

Vem a ser a mesma coisa negar o nome de mente às faculdades de avaliação de uma alma sensível governada pelos próprios desejos. Por isso, em Hermes, Libellus Hermes Trismegistus 1.22, pergunta-se: "E todos os homens não têm mente?" E a resposta é: "A mente só surge para quem é devoto, bom e puro (katharotes = suddha). Em termos platônicos, quando a alma nasce não tem mente (anous) e pode estar ainda inconsciente (anoetos) na morte (Timeu, 44a,c); a Mente inalterada que é contrastada com uma opinião sujeita a persuasão só pode ser encontrada nos Deuses e em um número muito pequeno de homens (Timeu, 51e). Mas se acharmos que mente é um mero instrumento humano de pensamento discursivo, participar da maneira divina de saber é, humanamente falando, "estar fora do juízo perfeito"; por isso Platão se refere ao profeta pelo qual Deus fala, dizendo que "a mente não está nele" (Ion, 534B), que é um estado de "mania" que não pode ser confundido com insanidade (Fedro, 244, 265): "a sabedoria deste mundo é loucura para Deus" (I Cor. 3,19). [DUAS MENTES]

A mente, em razão próxima do intelecto agente que é sua face interna, e em razão afastada do Intelecto incriado que a faz existente, é o proferidor do «eu, o órgão pelo qual se faz que haja um «eu» proferido (v. ahamkara), e é em relação a este proferidor espiritual criado que todas as outras coisas — sensíveis ou de pensamentos — sejam objetos, coisas objetadas (v. Descartes). O proferidor, a mente, visa os objetos. Toda visada compreende dois polos: o proferidor-visante, quer dizer a radicalidade subjetiva principial, e o objeto visado. O proferidor-visante é dito radical porque é a raiz da subjetividade e que ele mesmo não poderia ser visado objetivamente, embora se fale como de um objeto: tentarei explicar esta singularidade. Distintamente outro que o proferidor-visante, o objeto está «diante de» o proferidor, de sorte que este está de certo modo «atrás de» o objeto ou, mais exatamente, «abaixo de» (sub-jectus) como convém a isto que é «o mais profundo» (totalmente sendo, em outro ponto de vista, o que é «o mais alto»). Ele está «sob» à maneira de um suporte; mais exatamente, é isto pelo qual o indivíduo humano é um «suppositus», uma pessoa, pois se chama suppositus ou pessoa o indivíduo humano enquanto exerce o ato de existir recebido do Ipsum esse. Sem a mente, não sou senão um indivíduo e, de resto, um indivíduo desprovido de mental razoável, pois é a mente que faz que a psique humana seja uma mens e seja dotada de ratio. Porém com a mente, sou uma pessoa.

O mental que participa ao mesmo tempo da inteligência espiritual (animus) e do psiquismo inferior (anima) compreende, além da faculdade de raciocinar inteligivelmente, o sentido interno (senso comum, cogitativo, uma certa memória, imaginação). Mais baixo que o mental se mantém a alma vegetativa com suas três potências (generativa, aumentativa e nutritiva). O sentido interno com suas quatro potências, assim como o sentido externo (os cinco sentidos abertos sobre o «fora») constituem a alma sensitiva. [Allard l'Olivier: L'illumination du coeur]

Considero oportuno introducir aquí un par de términos clave que parecen haber desempeñado un papel decisivo en la formación de los rasgos principales del pensamiento de Zhuangzi acerca de la naturaleza de la mente: zuo chi, literalmente «galopar sentado» y zuo wang, literalmente «olvidar sentado».

El primero, zuo chi, se refiere a la situación en que la mente de una persona extraordinaria se encuentra en constante movimiento, desplazándose aquí y allí, en respuesta a las infinitas impresiones que, desde fuera, atraen su atención y excitan su curiosidad, sin detenerse en ningún momento, ni siquiera cuando el cuerpo está tranquilamente sentado. El cuerpo puede estar inmóvil, pero la mente vaga a su alrededor. Se trata de la mente humana en un estado que designa la palabra xin (Mente) en este contexto. Es lo contrario de la mente en un estado de concentración serena.

Desde un punto de vista conceptual, es fácil esta oposición entre ambos estados mentales, uno que «galopa» y otro que «permanece inmóvil y vacuo». Pero resulta extremadamente difícil al hombre corriente liberarse de la dominación del primero para realizar en sí mismo el segundo. En realidad, según Zhuangzi, el hombre es responsable de permitir a la mente ejercer tan tiránica influencia sobre él, ya que la tiranía de la mente no es más que la tiranía del «ego», que, como ya hemos visto, el hombre crea para sí mismo como centro ontológico de su personalidad. Zhuangzi utiliza una expresión característica para esta situación básica del hombre: shi xin o «tomar la Mente por maestro».

El «ego», desde esta perspectiva, es una creación del hombre. Pero el hombre se aferra a ella como si se tratara de algo objetivo, incluso absoluto. No es capaz de imaginarse a sí mismo sin ella, de modo que no puede abandonarla ni un momento. Por tanto, hace de su Mente su venerable «maestro».

Esta Mente, en un plano más intelectual, es la Razón, la facultad de pensamiento discursivo y de razonamiento. Zhuangzi la llama cheng xin o «mente acabada», refiriéndose a que la mente ha adoptado una forma definitivamente fija, se ha coagulado, por así decirlo. Es la Razón según cuya guía (y aquí, una vez más, nos encontramos con la expresión «tomar la Mente por maestro») el hombre discrimina entre las cosas y emite juicios sobre éstas, diciendo «esto es correcto», «esto es erróneo», etc., hundiéndose cada vez más en el ilimitado océano de absurdos.

Todo el mundo obedece su propia «mente acabada» y la venera como si de su maestro se tratara. A este respecto, podemos decir que nadie carece de maestro. Quienes conocen la realidad de los fenómenos incesantemente cambiantes y aceptan [la ley cósmica de la Transmutación] como criterio [de entendimiento] no son los únicos que tienen maestros. [En este sentido,] hasta un idiota lo tiene. Resulta imposible a un hombre insistir en la distinción entre lo «correcto» y lo «erróneo» sin una «mente acabada». Es tan imposible como que un hombre parta [del norte] hoy y llegue a Yue [en el extremo sur de China] ayer.

Vemos así que los pseudo-problemas acerca de lo «correcto» y lo «erróneo», o de lo «bueno» y lo «malo», cuya verdadera naturaleza ha sido revelada en el capítulo anterior, surgen porque el hombre ejerce su «mente acabada». La Mente, según Zhuangzi, es la fuente y el origen de todas las locuras humanas.

Esta idea de la Mente se encuentra también en Laozi, si bien su enfoque difiere hasta cierto punto del de Zhuangzi. La similitud se percibe inmediatamente si se lee con atención el capítulo XLIX del Dao de jing, por ejemplo. Curiosamente, en este pasaje, Laozi utiliza el término chang xin, o sea «mente constante o inmutable». El término recuerda el de cheng xin (mente acabada), utilizado por Zhuangzi. Con chang xin, Laozi ne refiere a un estado rígido y fijo de una mente privada de su flexibilidad natural o, como le gusta decir, el estado de la mente que ha perdido la «blandura» característica de un recién nacido. Como demuestra la cita, esta rigidez antinatural de la mente se manifiesta de forma típica en su actividad de distinción y discriminación consistente en percibir en todas partes lo «bueno» y lo «malo», lo «correcto» y lo «erróneo», considerando estas categorías como algo objetivo y absoluto.

Para Laozi, no se trata simplemente de que uno se vuelva parcial, lleno de prejuicios e intolerante. Según él, el ejercicio de esta función de la mente afecta a la esencia misma de la existencia humana. Es una cuestión de crisis existencial. El hombre se encuentra en una situación lamentable ya que, por naturaleza, dirige la actividad de su mente hacia la distinción y la discriminación entre las cosas. [Toshihiko IzutsuSufismo e Taoismo]