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1 Chien

HEXAGRAMAS — 1 CHIEN

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01. Força (䷀ qián) O Criativo Detendo Poder e Habilidade Criativos

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O primeiro hexagrama se compõe de seis linhas inteiras. Essas linhas correspondem à energia que, em sua forma primordial, é luminosa, forte, espiritual, ativa. O hexagrama é integralmente forte em sua natureza e, por estar livre de toda fraqueza, tem como essência a energia. Sua imagem é o céu. Sua força nunca é limitada por condições determinadas no espaço e por isso é concebida como movimento. O tempo é a base desse movimento. Portanto, o hexagrama inclui também o poder do tempo e o poder de persistir no tempo, ou seja, a duração. O poder representado pelo hexagrama deve ser interpretado em dois sentidos: em termos de uma ação no universo e de sua ação no mundo dos homens. Em relação ao universo o hexagrama expressa a atividade criativa e poderosa da Divindade. Aplicado ao mundo dos homens ele representa a ação criativa dos santos e dos sábios, dos que governam e conduzem a humanidade e que, através de sua força, despertam e desenvolvem a natureza mais elevada dos seres humanos. [Richard Wilhelm — Ch'ien ]

Estas formas se originam do primeiro hexagrama, Chien, o Criativo. A palma da mão é mantida ao nível do queixo como agarrando a cabeça do pássaro (ou dragão). A outra mão, posta ao lado dos quadris como acariciando a cauda do pássaro, depois erguida até a cabeça do pássaro.

O I Ching diz: "Nove no segundo lugar significa: Dragão aparecendo no campo". Este "segundo lugar" refere-se também ao abdômen; assim o sentido de "Dragão aparecendo no campo" é uma expressão concreta do movimento como o dragão representado pela mão e campo pelo abdômen. Quando a mão ou o dragão voa para o lugar em frente do queixo o I Ching diz: "Nove na quinta posição significa: Dragão voando nos céus".

Se a mão vai mais alto que o queixo, temos um dragão arrogante, e o movimento enrijece e se torna sem graça.

"Nove no topo significa: "Dragão arrogante terá causa de arrependimento".

Assim este movimento tem limites, no caso até o queixo deve ir mão, de onde se passa para outro movimento. [Da Liu — Tai Chi Chuan — Agarrar a cauda do pássaro (lam ch'iao wei)]

Hemos hablado aquí de la Perfección, y, a este propósito, es necesaria una breve explicación: cuando este término se emplea así, debe entenderse en su sentido absoluto y total. Solamente que, para pensar en ella, en nuestra condición actual (en tanto que seres que pertenecen al estado individual humano), es menester hacer inteligible esta concepción en modo distintivo; y, esta conceptibilidad es la «perfección activa» (Khien), es decir, la posibilidad de la voluntad en la Perfección, y, naturalmente, de la omnipotencia, que es idéntica a lo que se designa como la «actividad del Cielo». Pero, para hablar de ella, es menester, además, sensibilizar esta concepción (puesto que el lenguaje, como toda expresión exterior, es necesariamente de orden sensible); es entonces la «perfección pasiva» (Khouen), es decir, la posibilidad de la acción como motivo y como propósito. Khien es la voluntad capaz de manifestarse, y Khouen es el objeto de esta manifestación; pero, por otra parte, desde que se dice «perfección activa» o «perfección pasiva», ya no se dice Perfección en el sentido absoluto, puesto que en eso hay ya una distinción y una determinación, y por consiguiente, una limitación. También se puede decir, si se quiere, que khien es la facultad actuante (y sería más exacto decir «influyente»), que corresponde al «Cielo» (Tien), y que Khouen es la facultad plástica, que corresponde a la «Tierra» (Ti); encontramos aquí, en la Perfección, el análogo, pero todavía más universal, de lo que hemos designado, en el Ser, como la «esencia» y la «substancia». En todo caso, sea cual fuere el principio por el que se las determine, es menester saber que Khien y Khouen no existen metafísicamente más que desde nuestro punto de vista de seres manifestados, del mismo modo que no es en sí mismo como el Ser se polariza y se determina en «esencia» y «substancia», sino solo en relación a nosotros, y en tanto que nosotros le consideramos a partir de la manifestación universal de la cual es el Principio y a la cual pertenecemos.
Hay una traducción de Chuang-tzu absolutamente absurda publicada por un profesor de chino de la Universidad de Harvard. Estoy seguro que dicho profesor debe de ser un ex misionero porque usa constantemente la palabra «Dios» cuando Chuang-tzu no tiene ninguna expresión para Dios. La noción de Dios, tal como nosotros la entendemos, es ciertamente muy extraña al pensamiento taoísta. Hay que comprender que los misioneros han sido la base de la erudición china en Occidente. Para traducir las escrituras a las lenguas occidentales tuvieron que estudiar chino y desde entonces han estado deslizando sus ideas cristianas en los clásicos chinos. Pero la noción de Dios, en el sentido de un gobernante personal del mundo, es totalmente ajena al pensamiento chino. Existe la expresión ch’ien-jan que tiene casi el mismo significado que tzu-jan, espontaneidad o que es «así en sí mismo». Ch’ien-jan hace referencia a algo que es así a través del poder del cielo. El cielo, o ch’ien, quiere decir simplemente el universo. Si miras hacia afuera desde la Tierra, que es como si fuera el centro o la base, todo lo demás en toda la expansión del Cosmos es ch’ien (cielo). Pero en Chuang-tzu no hay conexión en la idea del cielo con alguna especie de gobernante personal del universo. Cuando ves que alguien traduce ch’ien como «Dios» da una impresión muy equivocada de esta enseñanza.

Hay un pasaje en el que un discípulo pregunta al maestro: «¿Se puede conseguir el Tao de forma que se pueda poseer para uno mismo?» Y el sabio responde: «Tu cuerpo no es tuyo, es la imagen delegada de Ch’ien». Los misioneros traducen esto como «Dios» porque han leído en la Biblia que el hombre está hecho a imagen de Dios. Pero el maestro dice:

Tu vida no es tuya, es la adaptabilidad delegada del cielo.

Tus hijos no son tuyos, son las semillas delegadas del cielo. Tú te mueves, no sabes cómo; tú descansas, no sabes por qué.

Estos son los funcionamientos de los caminos del Tao.

Entonces, ¿cómo podrías conseguir el Tao de forma que pudieras poseerlo? [Alan WattsEl camino de la liberación]


El cielo está arriba, la tierra está abajo, por lo tanto, el ch’ien (trigrama del cielo) y el k’un (trigrama de la tierra) son fijos. Al igual que alto y bajo están ordenados de esta manera, honorable y humilde tienen sus lugares. El movimiento y el reposo tienen su constancia; según éstos, lo fuerte y lo débil están diferenciados. Los caminos coinciden según su especie y las cosas se adhieren por grupos. De esta manera, la buena fortuna y la mala fortuna, existen. En los cielos aparecen fenómenos; en la tierra se ocasionan formas. A través de esto, el cambio y la transformación se hacen manifiestos. Y lo fuerte y lo débil (líneas en el trigrama) actúan recíprocamente, y los ocho trigramas actúan y reaccionan entre ellos. Las cosas son animadas por el trueno y el relámpago; son fertilizadas por el viento y la lluvia. El sol y la luna dan vueltas en sus trayectorias con una estación de frío y luego una de calor. El camino del ch’ien constituye el macho; el camino del k’un constituye la hembra. El ch’ien conoce el gran comienzo; el kien da a las cosas su conclusión. El ch’ien conoce por medio de lo fácil; el k’un realiza por medio de lo simple… [Las dos manos de Dios]

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